Hotel Consolación: dormir con vistas al Matarraña

Los últimos rayos de luz se colaban por el ventanal de la cabina, al tiempo que la bañera excavada en el suelo se empezaba a llenar. El cielo rojizo agonizaba y el movimiento caprichoso de las velas se reflejaba en el agua, humeante. El sol se perdía en el horizonte, entre un mar de árboles y montañas. En el Matarraña aragonés. Sin rastro de civilización. Solo nosotros y la voz de Mark Knopfler en la minicadena, entonando los versos de Our Shangri-la y acariciando suavemente las cuerdas de su guitarra.

Un remanso de paz donde dormir en el Matarraña

Así se viven los atardeceres en el Hotel Consolación, un glamping de Monroyo, en la provincia de Teruel. Se trata de un conjunto de cubos camuflados en la cima de un montículo, que actúan como maravillosos balcones sobre los Puertos de Beceite. Uno de los tesoros que colecciona el portal Glamping Hub, referente de esta tendencia turística en alza que mezcla las ventajas de acampar al aire libre con la comodidad de los alojamientos más lujosos.

Contemplar el ocaso, té en mano, bajo el agua caliente mientras los grados caen en el exterior, resulta un fin de fiestas soñado tras una jornada recorriendo el Matarraña: contemplando la belleza de Valderrobres, deambulando por las calles de Calaceite, sucumbiendo al encanto de la Fresneda o escudriñando los estrechos del Parrizal. Y es que el Hotel Consolación se halla en una zona privilegiada de esta comarca tan maravillosa como desconocida, ideal para servir como base de operaciones al viajero.

El placer de la naturaleza al cubo

No hace falta vivaquear para dormir bajo la luz de las estrellas. Tampoco madrugar para ver el amanecer. A modo de pantalla gigante, las diez cabinas esparcidas sobre los bosques mediterráneos del Matarraña, poseen una pared de cristal que convierten estos paisajes en la mejor de las películas vistas desde la cama. Una manera inmejorable para coger el sueño y un chute de energía para empezar el día con buen pie.

Aunque no sólo el exterior merece la pena. El interior también lo tiene todo para asegurar una experiencia de diez. Las habitaciones, de unos 36 metros cuadrados, ofrecen todas las comodidades para sentirse como en casa: cuarto de baño, terraza, bañera junto al ventanal y chimenea colgante para combatir el frío.

Una experiencia rural de contrastes

¿Hotel rural? ¿Hotel de lujo? ¿Hotel con encanto? La dificultad para catalogar el Hotel Consolación evidencia su carácter singular. Un alojamiento capaz de combinar las cabinas a la última tendencia arquitectónica con la fascinante ermita del siglo XVI que se erige junto a ellas. Y cuyo restaurante ofrece una reinterpretación deliciosa de las recetas de la abuela, elaboradas con productos de la región, tales como verduras ecológicas de Ráfales, cordero con D.O. “Ternasco de Aragón” de Torrecilla de Alcañiz, trufa de Monroyo, Jamón con D.O. Teruel o quesos de pastor de Peñarroya de Tastavins.

Un placer que se repite en los abundantes desayunos de productos caseros, previa perfecta antes de retomar el camino o darse un baño en la piscina infinita si el calor lo permite. Un hotel cimentado sobre la cita de la escritora india Kiran Desai que reza: “un viaje, una vez comenzado, no tiene fin”. Aunque el tiempo corre y las experiencias pasan, el recuerdo de esta perla aragonesa seguirá en tu mente. Y, si se te olvida, ¡siempre podrás volver!

 


 

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